El gran escándalo del nuevo siglo es la pobreza, esa lacra que invalida todos los adelantos tecnológicos e informáticos, todas las hazañas de comunicación y cosmonáutica. Estamos tan adelantados que podemos saber al instante que más de 40 mil niños mueren diariamente de hambre en el mundo, pero a la vez tan atrasados que no logramos evitar esa catástrofe.
En esa cifra están incluidos nuestros niños. ¿Qué debemos saber, qué peligros tendremos que conjurar para avanzar en un destino común hasta el 9 de julio de 2.016 cuando escuchemos emocionados cantar el himno nacional? ¿Qué necesidades habremos hecho posibles para la Argentina? No se puede imaginar la construcción de nuestra Argentina sin sueños, sin los ideales de los revolucionarios fundadores de la Patria. La invención de la Argentina tuvo la marca indeleble de una utopía, no por lo que tenía de imposible, sí por lo que tenía de deseo liberador.
¿No es acaso el sueño mayor modificar la brecha salvaje en la distribución del ingreso, por la cual un gran sector de los argentinos apenas alcanza el 40% de la canasta básica de alimentos? Que la salud pública cubra a todos los que acuden a ella, que la educación universitaria recupere sus niveles de excelencia, que los hijos puedan estar mejor que sus padres, que la vivienda digna no sea un objetivo inalcanzable, que la justicia exista y sea veloz, que la seguridad no sea responsabilidad exclusiva de la policía; que la política dé respuestas al malestar de la vida cotidiana, sin grandes discursos pero con la obstinación de estadistas, no de administradores, de fundadores de la Argentina próspera que una vez conseguimos, pero que supimos perder, golpe a golpe.
Durante la mayor parte del siglo XX, la Argentina fue uno de los países socialmente más armónicos de Suramérica, con el índice de analfabetismo más bajo de la región, y -hasta 1.976- con la participación de los trabajadores en el PBI que superaba el 45%, considerado uno de los más elevados del capitalismo en Occidente. Pero ingresamos al siglo XXI en medio de una crisis sin precedentes: la mitad de la población sumida en la pobreza, con una participación de los trabajadores en el PBI del 21,5%, con 4 millones de indigentes, con el sistema de partidos en crisis, una deuda pública cercana a los 160 mil millones de dólares, tras haber declarado el default más grande de la historia contemporánea, pero también tras haber salido de él en el período más corto que se recuerde en los anales económicos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Si desea dejarnos su opinión, ésta es la oportunidad para hacerlo