COMPARTIMOS la matriz doctrinaria del justicialismo: un nacionalismo económico y democrático basado en la explotación de los recursos naturales por capitales preferentemente suramericanos, la nacionalización de los servicios públicos como herramienta para regular la economía y la recuperación del ferrocarril y los recursos energéticos como piedra fundamental para consolidar un proceso de industrialización que independice económicamente a la Argentina de las potencias extranjeras.
NO QUEREMOS recuperar la Argentina del Centenario como sueñan Mauricio Macri y Juan Carlos Romero. No queremos seguir lamiendo la cadena del opresor. El pueblo salteño al elegir gobernador al compañero Juan Manuel Urtubey ha buscado sepultar definitivamente el “Estado de malestar” profundizado durante los últimos 12 años.
REIVINDICAMOS la industrialización que impulsó el Presidente Perón en el período de sustitución de importaciones, porque el peronismo fue básicamente industrialista. Los pueblos sin industrias están condenados porque un país soberano debe proveer sus propios productos manufacturados. Por eso en la memoria de los desposeídos perdura la certeza que solo el justicialismo generará una economía de reparación de los que sufren. Por eso se ha convertido en la analogía política de la esperanza, para lograr una equitativa distribución de la riqueza.-
COINCIDIMOS con nuestro Gobernador en que el Estado reasignando recursos es la condición necesaria para la independencia económica y ésta para la justicia social. La crisis económica que sacude al mundo desmiente la utopía liberal, según la cual el mercado todo lo regula y es la mejor vía hacia la armonía social, basada en personas compitiendo entre sí, con igualdad de oportunidades. El Estado liberal fue creado a imagen y al servicio del capital y no de las “libertades individuales”. No hay posibilidad de un espíritu nacional en una colectividad de hombres cuyos lazos económicos no están trenzados en un destino común.
DEFENDEMOS desde diversas trincheras, este proyecto popular de reparación nacional. Tenemos nuestras críticas con respecto a ciertas implementaciones tácticas, sin que el árbol nos tape el bosque. Sabemos que los conflictos que atraviesa la democracia no han quedado relegados frente a la exigencia popular de una comunidad sin fisuras ni antagonismos. La desigualdad persiste. Los distintos proyectos de país están allí dirimiendo el presente y el futuro.
AFIRMAMOS que es necesario politizar la economía e inscribirla en el interior de un proyecto de transformación que sepa dejarse interpelar por los sujetos de las injusticias, reinventando una democracia con más intensidad y profundidad.
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