EL PLURALISMO DE NUESTRA ECÚMENE

Ante la homogeneización del mundo, proponemos el rescate del genuino pluralismo, aquel de las grandes ecúmenes. El término ecúmene, que viene del griego, encierra dos ideas: morar, habitar y al mismo tiempo regirse, gobernarse. Ecúmene significa entonces: “...extensa porción de tierra donde una comunidad humana habita, gobernada según sus propias pautas o normas...”.

Mientras Huntington y Fukuyama siguen teorizando sobre civilizaciones, nosotros preferimos -junto a nuestro amigo Alberto Buela- hablar de ecúmenes. Hoy podemos distinguir seis: la anglosajona, la europea (latino-germano-eslava), la arábiga, la oriental, la india y la iberoamericana. El resto de las tierras habitadas como África del Sur y parte de Oceanía -Australia, Nueva Zelandia-, se suman a la ecúmene anglo-norteamericana, con Canadá incluido.- Estas seis ecúmenes culturales conforman el real y efectivo pluralismo del mundo.

Pero este pluralismo no lo podemos llevar al interior de las ecúmenes. El salto indebido del sano pluralismo ecuménico o interculturalismo, siempre beneficioso para las diferentes civilizaciones, al espurio pluralismo en el interior de los Estados pertenecientes a cada una de ellas, es el error más grave de la modernidad en orden a la vida político-práctica de los pueblos.

La democracia liberal procedimental y su pluralismo mal entendido, que como modelo se había impuesto, incluso manu militari, han tenido como consecuencia la disolución de los valores nacionales.

Esta relación entre los grandes espacios y las pequeñas regiones vuelve a plantear el viejo problema que se le presentó al filósofo Carnéades de Cirene -aquel del límite entre lo primero de lo poco y lo último de lo mucho-. Corresponderá a la capacidad política del actual milenio su establecimiento para la buena vida.

Será tarea de la metapolítica la desmitificación de la cultura dominante, quitarle sustento a su poder político, para finalmente reemplazarlo, y para esto último hay que hacer POLÍTICA. Ya Gramsci ha demostrado que la conquista del poder político pasa por aquella del poder cultural.

Para algunos la metapolítica es la metafísica de la política, es la disciplina que va más allá de la política, que la trasciende, en el sentido que busca su última razón de ser, supone una crítica a la cultura dominante que después se proyecte a la realidad de la vida.

En este orden de ideas, propiciamos la construcción de grandes espacios autocentrados y específicamente la de un gran espacio suramericano. Decimos un gran espacio y no un Estado solo, porque la época del Estado-Nación ya caducó.

Hoy la acción de un Estado aislado es irrelevante para el gobierno mundial del G8 como Poder Ejecutivo, del FMI como poder gerencial-financiero o de Davos como poder deliberativo.

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